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BOHIO: ¡Soy caribeño!

BOHIO: ¡Soy caribeño!

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Fecha: Sat, 17 Jun 2006 15:26:21 -0400
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-------> ESPAÑOL / MESSAGE ORIGINAL

¡Soy caribeño!

Steven Gehy
Intelectual haitiano
Clave Digital, 7 de junio de 2006

   PETIÓN-VILLE, Haití.-Hasta la mitad de la década del noventa, la
República Dominicana, no era aún el segundo socio comercial de Haití.
Todavía para esa época, el hermano país no se había convertido en uno de
los destinos turísticos predilectos para muchas familias haitianas.

Entre múltiples razones, que en Port-au-Prince suelen explicar del
establecimiento tardío de estos vínculos, a pesar de nuestra proximidad
geográfica, está indudablemente la de una estéril acumulación de
estereotipos y de prejuicios hacia la República Dominicana, que
lamentablemente, se habían instalado en las mentalidades de las clases
media y alta de la sociedad haitiana.

Los recelos y aprensiones, que desde Haití apuntaban hacia la sociedad
dominicana, eran frutos de apreciaciones desacertadas, establecidas a
escala nacional, estas últimas motivadas y entretenidas por la falta de
noticias alentadoras sobre el desarrollo de las relaciones entre las dos
naciones.

Los absurdos nacieron y perduraron de parte y parte: Por ejemplo, en
República Dominicana, por la constante llegada de trabajadores haitianos a
los bateyes, se pensaba, con una simpleza asombrosa, que todos los
haitianos eran cortadores de caña.

Igualmente en Haití, con una ligereza tremenda, se creía, por la cantidad
de prostibulos que empleaban a jóvenes dominicanas, que la mayoría de las
mujeres del Este eran trabajadoras del sexo y de costumbres indeseables.

Estar acompañado en público de una mujer hispanohablante en ciertos
círculos sociales de Haití, era cometer un acto embarazoso y atrevido, a
tal punto, que suscitaba murmuraciones y criticas: “aquél anda con una
prostituta” chismeaban muchas y muchos.

Me permito contarles de una anécdota propia: Estaba de visita en Haití,
mientras residía aún en Puerto Rico, la isla del encanto, y efectuaba unas
diligencias con mi querido padre, cuando en medio de una conversación
amena que llevábamos con un conocido de la familia con quien coincidimos en
un centro comercial de la capital haitiana, este último, (no recuerdo bien
lo que originó el comentario), aprisionado en un execrable mundo de
prejuicios, afirmaba con una seguridad desconcertante que una mujer que
hablara castellano y que no fuera oriunda de España, tiene que ser
necesariamente una prostituta.

Las convicciones de ese señor, “instruido” y perteneciente a una clase
social acomodada de Haití, confirmaban el poder nefasto de los prejuicios
sobre las mentes. El ignoraba que mi esposa era puertorriqueña y por lo
tanto hispanohablante.

Me abstendré de reproducir aquí las palabras que en aquél momento salieron
de mis labios enfurecidos –entonces era excesivamente impulsivo y
apasionado-, pero solo les diré que aquel difamador de pacotilla no terminó
aliviado del peso de unos dientes gracias a la pronta intervención de mi
padre, quien divisó a tiempo la ira creciente sobre mi rostro.

Pero, volviendo a las causas del alejamiento entre Republica Dominicana y
Haití, hay que agregar que el recuerdo de la horrorosa masacre de haitianas
y haitianos, ordenada por el tirano Leonidas Trujillo en el 1937, -este
lúgubre acontecimiento, que hoy no se ha olvidado, pero cuya recordación,
no se siente tan punzante como lo era en los tiempos anteriores, por los
años que han transcurrido desde entonces y porque en Haití se entiende que
este odioso acto no debe ser imputado a la nación dominicana entera, sino
que a los únicos responsables- había quitado a los haitianos y haitianas,
la intención y el deseo de visitar ese país vecino, tan cercano, pero que
parecía tan alejado a la misma vez.

Por lo tanto, al inverso de lo que observamos hoy en día, era altamente
improbable, en aquellos años, que una familia haitiana, eligiese disfrutar
de un fin de semana o de vacaciones más prolongadas en Santo Domingo o en
cualquier otra ciudad de la hermana república.

En realidad, durante mucho tiempo y de ambos lados de la frontera, crecimos
con estos desatinos bochornosos y trifulcas vergonzosas. El concepto que
uno tenia del otro, era ilógico, mediocre y hasta risible.

Sin embargo, es valido precisar que estas patéticas concepciones recíprocas
de lo extranjero, a veces desenterradas intencionalmente por algunos con
una malicia destructora y para intentar justificar unas abominables
propuestas, cuya xenofobia es apenas velada, fueron asimiladas inicialmente
por nuestras sociedades con ingenuidad y poca mala fe.

   De parte y parte, era este el mensaje degradante que íbamos captando,
casi involuntariamente, años tras años; eran estas concepciones e ideas
malsanas que se difundían en los entornos en los cuales nos desenvolvíamos
desde nuestra tierna infancia. La mayoría de nosotros, no nos hemos
detenido nunca a cuestionar estas creencias falsas, que para muchos,
deplorablemente, ya se han constituido en una plataforma inamovible y
peligrosa para la elaboración de aberrantes y desfasadas teorías
sociales, económicas y políticas.

En el 1986, cuando era estudiante universitario en Puerto Rico, el mito
anti dominicano era palpable, persistente en la isla de Borinquen y sigue
reinando hasta el día de hoy. Nunca antes, por las razones expresadas al
principio de este artículo, había visitado la hermana República Dominicana,
ni había tenido la oportunidad de tener, aun a un(a) amigo(a)
dominicano(a). Hoy, felizmente, tengo la suerte de tener y de compartir,
tanto en Haití como en República Dominicana, con muchos(as) amigos(as)
dominicanos(as).

Con todo, a pesar de las estúpidas trapacerías que existen entre los dos
pueblos hermanos de República Dominicana y Haití, recuerdo aún la gran
confusión y la profunda indignación que me invadían cuando algunos
puertorriqueños se complacían en denigrar a los inmigrantes dominicanos y
en difamar a la República Dominicana en general.

Es confuso, porque desde la perspectiva de un haitiano que no conoce la
República Dominicana, como era mi caso entonces, o que nunca se había
relacionado con Puerto Rico, no se entiende el origen de tal discrimen.

En efecto, en Haití, cuando no se conoce por lo menos uno de los dos países
mencionados, se piensa generalmente que no hay ninguna diferencia entre un
dominicano y un puertorriqueño.

Un(a) haitiano(a) que no ha compartido de cerca con estos pueblos, no tiene
la habilidad de percatarse de las diferencias culturales, no puede percibir
los acentos diferentes al hablar, no hace gran diferencia entre la salsa y
el merengue; en fin, mezcla, intercambia y confunde todo lo de República
Dominicana con todo lo de Puerto Rico.

Al mismo tiempo, sentía una gran indignación frente a los prejuicios
boricuas hacia los hermanos dominicanos, porque de forma instintiva, me
sentía involucrado, atacado y herido. Quizás que el sentido quisqueyano e
isleño superaba automáticamente a las rencillas internas y fraternales.

¡La sangre llama! Dicen. ¡Debe ser entonces que la tierra también llama!

Fue en estos momentos de furia defensiva que supe que la encantadora
Charityn Goico era dominicana. La actriz tenía un éxito rotundo en la
televisión puertorriqueña y creyendo ingenuamente, que así podía detener la
ola difamatoria dirigida hacia Republica Dominicana, me atravesó un deseo
incontenible de difundir mi feliz y súbito “descubrimiento”. Quería, sin
esperar ni por un segundo, dejar saber con orgullo, a todos y a todas que
la querida Charityn era dominicana.

Este instantáneo reflejo de repudio a las denigraciones y de solidaridad
con una nación vecina y hermana despertaron desde mis entrañas con el mismo
vigor intenso y sincero cuando para las navidades del 1990, “Ojalá que
llueva café” de Juan Luis Guerra, se escuchaba en todas las residencias de
Isla Verde, de San Juan y de Puerto Rico en general. La canción ocupaba el
primer lugar del “hit parade” sobre la isla de Borinquen y solía pensar:
“...critican, difaman, insultan y sin embargo mira que están embriagados y
felices al bailar el acelerado y caliente ritmo del merengue dominicano...”.

Luego, me sentí bastante decepcionado, porque me había dado cuenta que
todos y todas sabían, desde mucho antes, que Charityn, Juan Luis Guerra,
Oscar De la Renta y muchos otras celebridades eran dominicanas y
dominicanos y que sin embargo, esto había tenido muy poca influencia en
disminuir o hacer desaparecer los infames prejuicios.

Pero aún a pesar de mi cándido e infructuoso intento de aniquilar los
prejuicios y estereotipos de algunos, guardé algo positivo, maravilloso y
valioso de estas experiencias y es que primeramente había observado, por
mis actitudes, que mi mente había logrado superar las bajezas y las
mezquindades de las posturas y de los discursos xenófobos y racistas y
también es que porque me duele profundamente el alma cuando denigran a
Haití, porque se aflige inmensamente mi corazón cuando difaman a la
República Dominicana, porque hierve de rabia la sangre en mis venas cuando
ofenden a Puerto Rico, Cuba, Jamaica... y porque no me asalta la rebeldía
con la misma intensidad cuando ofenden a Francia, a Australia, a los
Estados Unidos, al Kazakustan o a Mongolia, descubrí con una felicidad
inmensa que soy haitiano, quisqueyano, isleño, dominicano, puertorriqueño,
¡en fin que era, que soy y que siempre seré caribeño!

-------> FRANCAIS (ATTENTION: CECI EST UNE TRADUCTION AUTOMATIQUE NON REVISEE

caribeño ¡Soy !

Haitiano Clave Digital, 7 de junio de 2006 de Steven Gehy Intelectual

PETIÓN-VILLE, Haïti- Jusqu'à la moitié de la décennie de de la
quatre-vingt-dix, la République dominicaine, n'était pas encore le
second partenaire commercial de Haïti. Pour cette époque, le pays
frère ne s'était pas transformé encore un des destins touristiques
préférés pour beaucoup de familles haitianas.

Entre de multiples raisons, qui en Port-au-Prince expliquent
généralement de l'établissement tardif de ces liens, malgré notre
proximité géographique, il est indubitablement celle d'une stérile
accumulation de stéréotypes et de préjugés envers la République
dominicaine, qui, avaient été installés regrettablement dans les
mentalités des classes moyenne et haute de la société haitiana.

Les méfiances et les aprensiones, que depuis Haïti ils pointaient
envers la société dominicaine, étaient les fruits d'appréciations
desacertadas, établies à l'échelle nationale, ces dernières
motivées et entretenues par le manque de nouvelles encourageantes sur
le développement des relations entre les deux nations.

Ce qui est absurdes sont nés et ont subsisté partie et partie : Par
exemple, en République dominicaine, par la constante arrivée de
travailleurs haitianos aux sucreries, on pensait, avec une simpleza
étonnante, que toute la haitianos étaient coupants de canne.

Également à Haïti, avec une légèreté énorme, on croyait, par la
quantité de prostibulos qu'employaient à des jeunes dominicains, que
la majorité des femmes de l'Est ils étaient des travailleurs du sexe
et des coutumes indésirables.

Être accompagné en public d'une femme de langue espagnole dans
certains cercles sociaux de Haïti, était de commettre un acte
embarrassant et osé, à un tel point, qui suscitait des médisances
et des critiques : "celui-là marche avec une prostituta" chismeaban
beaucoup et beaucoup.

Je me permets de compter les d'une anecdote propre : Il était de
visite à Haïti, tandis qu'il résidait encore en Port Riche, l'île
de l'enchantement, et effectuait des diligences avec mon cher père,
quand au milieu d'une conversation agréable que nous portions avec
une connaissance de la famille avec laquelle nous coïncidons dans un
centre commercial de la capital haitiana, ce dernier, (non mémoire
bien ce qui a été à l'origine du commentaire), aprisionado dans un
exécrable monde de préjugés, il affirmait avec une sécurité
déconcertante qu'une femme qui parlerait castillan et qui non dehors
oriunda de l'Espagne, doit nécessairement être une prostituta.

Les convictions de ce Monsieur, "instruit" et appartenant à une
classe sociale reçue de Haïti, confirmaient le pouvoir néfaste des
préjugés sur les esprits. Le il ignorait que mon conjoint était
puertorriqueña et par conséquent de langue espagnole.

Je m'abstiendrai de reproduire ici les mots que dans celui-là moment
ont sortis de mes lèvres mises en fureur - il était alors
excessivement impulsif et passionné -, mais seulement je leur dirai
que ce difamador de pacotille n'a pas terminé allégé du poids des
dents grâce à l'intervention rapide de mon père, celui qui a
aperçu la colère croissante sur ma face.

Mais, retournant aux causes de la distance entre République
dominicaine yLe Haïti, faut ajouter que la mémoire du massacre horrible de
haitianas et haitianos, ordonné par le Leonidas tyrannique Trujillo
dans le 1937, - cet événement lugubre, qui n'a pas été oublié
aujourd'hui, mais dont la remémoration, n'est pas consignée
tellement pointu comme elle l'était dans les temps précédents, pour
les années qui ont passé depuis lors et parce qu'à Haïti on
comprend que cet acte odieux ne doit pas être imputé à la nation
dominicaine complète, mais aux seuls responsables - avait enlevé à
ce qui est haitianos et haitianas, l'intention et le désir de visiter
ce pays voisin, tellement proche, mais qu'elle paraissait tellement
éloigné à à cette dernière, por los años que han transcurrido
desde entonces y porque en Haiti'se entiende que este odioso acto no
debe ser imputado a la nacio'n dominicana entera, sino que a los
u'nicos responsables - habi'a quitado a los haitianos y haitianas, la
intencio'n y el deseo de visitar ese pai's vecino, tan cercano, pero
que pareci'a tan alejado a la misma vez.

Par conséquent, à à ce qui est inverse de de ce qui est que nous
observons de nos jours, il était hautement peu probable, durant ces
années, qu'une famille haitiana, il choisirait de jouir d'un week-end
ou des vacances plus prolongées dans Saint-Domingue ou dans tout
autre ville de la république soeuse.

En réalité, pendant beaucoup de temps et des deux côtés de la
frontière, nous avons crû avec ces desatinos honteux et trifulcas
honteuses. Le concept que tenia de de l'autre, était illogique,
médiocre et jusqu'à risible.

Toutefois, il est valu spécifier que ces conceptions réciproques
pathétiques de de ce qui est étranger, parfois desenterradas
intentionnellement par certains avec une malice destructive et pour
essayer de justifier des propositions abominables, dont la xénophobie
est à peine veillée, ont été initialement assimilées par nos
sociétés avec ingénuité et peu de mauvaise foi.

   Partie et partie, c'était le ce le message dégradant que nous
recueillions, presqu'involontairement, années après des années ;
ils étaient ces conceptions et idées malsaines qui étaient
diffusées dans les environnements où nous nous développions depuis
notre enfance tierna. La majorité de de nous, nous ne nous avons
jamais arrêtées d'interroger ces fausses croyances, qui arrête
beaucoup, déplorablement, déjà ont été constituées dans une
plate-forme inamovible et dangereuse pour l'élaboration de
d'aberrants et déphasées théories sociales, économiques et
politiques.

Dans le 1986, quand il était étudiant universitaire en Port Riche,
le mythe anti dominicain était palpable, persistant dans l'île de
Borinquen et continue à régner jusqu'à aujourd'hui. Jamais avant,
pour les raisons exprimées au début de cet article, n'avait visité
la République dominicaine soeuse, ni avait eu l'occasion d'avoir,
encore à un (a) amical (a) dominicain (a). Aujourd'hui, heureusement,
j'ai la chance d'avoir et de partager, tant à Haïti comme en
République dominicaine, avec beaucoup (as) amis (as) dominicains
(as).

Cependant, malgré les trapacerías stupides qui existent entre les
deux peuples frères République dominicaine et Haïti, mémoire
encore la grande confusion et de l'indignation profonde qu'elles
m'envahissaient quand quelques puertorriqueños on faisait plaisir de
dénigrer aux immigrants dominicains et en diffamer à la République
dominicaine en général.

Il est confus, parce que du point de vue un haitiano qu'il ne connaît
pas leRépublique dominicaine, comme était mon cas alors, ou qui n'avait
été jamais mis en rapport avec Port Riche, on ne comprend pas
l'origine de de tel discrimen.

En effet, à Haïti, quand ne connaîtra pas au moins un des deux pays
mentionnés, on pense généralement qu'il n'y a aucune différence
entre et un puertorriqueño dominicain.

Un(a) haitiano (a) qu'il n'a pas partagé de près avec ces peuples,
n'a pas l'habilité de se rendre compte des différences culturelles,
ne peut pas percevoir les accents différents en parlant, ne fait pas
une grande différence entre la sauce et la meringue ; en fin,
mélange, échange et confond tout ce qui est de République
dominicaine avec tout ce qui est de Port Riche.

En même temps, il sentait une grande indignation face aux préjugés
boricuas envers les frères dominicains, parce que de manière
instinctive, il me sentait inséré, attaqué et blessé. Peut-être
que le sens quisqueyano et insulaire dépassait automatiquement aux
rencillas internes et fraternelles.

Le sang appelle ! Ils disent. Il doit alors être que la terre appelle
aussi !

Il a été en ce moment de fureur de défense qui ai su que la
charmeur Charityn Goico était dominicaine. L'actrice avait un du
succès plein dans la télévision puertorriqueña et en me croyant
ingénument, qu'elle pouvait ainsi arrêter la vague difamatoria
dirigée envers République dominicaine, il a traversé un désir
irrépressible de diffuser ma "découverte" heureuse et soudaine. Il
voulait, sans attendre ni par un deuxièmement, laisser savoir avec
fierté, à tous et à toutes que la chère Charityn était
dominicaine.

Ce reflet instantané de je répudie aux dénigrements et de
solidarité avec une nation voisin et soeur ils ont réveillé depuis
mes tu entraînes avec la même vigueur intense et sincère quand pour
les Noël de du 1990, "Ojala qui pleut café" Juan Luis Guerra, il
était écouté dans toutes les résidences d'Île Verte, de San Juan
et de Port Riche en général. La chanson occupait le premier lieu du
"hit parade" sur l'île de Borinquen et le pensait généralement :
"...critican, diffament, insultent et toutefois surveille qu'ils sont
embriagados et heureux en dansant le rythme accéléré et chaud de la
meringue dominicaine...".

Donc, je me suis senti assez déçu, parce qu'il m'avait rendue compte
que tous et toutes savaient, depuis beaucoup avant, que Charityn, Juan
Luis Guerra, Oscar du Revenu et beaucoup autres celebridades étaient
dominicaines et dominicains et que toutefois, ceci avait eu très peu
d'influence en diminuer ou faire disparaître les préjugés infâmes.

Mais malgré ma tentative cándido et infructueuse d'annihiler les
préjugés et les stéréotypes de de certains, j'ai gardé encore
quelque chose positif, admirable et précieux de ces expériences et
est qu'il avait premièrement observé, par mes attitudes, que mon
esprit avait obtenu dépasser les bajezas et les mezquindades des
positions et des discours xénophobes et racistes et il est aussi que
parce que mo'endommage profondément l'âme quand ils dénigreront à
Haïti, parce qu'on afflige immensément mon coeur quand ils
diffameront à leRépublique dominicaine, parce que bout de rage le sang dans
mes venas
quand ils offenseront Port Riche, à Cuba, Jamaïque... et parce que
mo'il n'assaille pas la rebeldía avec la même intensité quand ils
offenseront à la France, l'Australie, aux Etats-Unis, au Kazakustan
ou à Mongolie, j'ai découvert avec l'immense bonheur que je suis
haitiano, quisqueyano, insulaire, dominicain, puertorriqueño, en fin
qui était, que je suis et que je serai toujours des Caraïbes !

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