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BOHIO: Urge abordar lo haitiano

BOHIO: Urge abordar lo haitiano

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Fecha: Wed, 4 Oct 2006 11:46:18 -0400
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-------> MESSAGE ORIGINAL

ENFOQUES
Urge abordar lo haitiano

Urge que el gobierno dominicano asuma sus responsabilidades y enfrente con
justicia y firmeza la cuestión migratoria haitiana
Rosario Espinal

http://www.clavedigital.com/Firmas/Articulo.asp?Id_Articulo=7844

Le haría bien a la sociedad dominicana analizar con sinceridad,
humanitarismo y realismo la migración haitiana y sus consecuencias.

Casi dos siglos de confrontación o indiferencia entre las dos naciones,
unido a intereses económicos abusivos de algunos sectores empresariales,
políticos y militares, sostienen una política migratoria inhumana y dañina
para ambos pueblos.

Por años, los gobiernos de ambos países han sido cómplices de los peores
intereses en la política migratoria; y por años, analistas y comentaristas
hacen planteamientos polarizantes que no encauzan mejores acciones.
Predomina un diálogo de sordos, donde imperan las censuras, los miedos,
acusaciones y poses de superioridad que no fomentan soluciones.

Un sector dominicano promueve el temor a lo haitiano que enciende la
xenofobia. Otros, dentro y fuera del país, califican a los dominicanos de
racistas y xenófobos. Los primeros enarbolan el patriotismo en defensa de
su causa; los segundos la justicia social y la hermandad entre los pueblos.

Esta confrontación debilita las energías nacionales y contribuye a que todo
siga igual para provecho de los grupos de dominicanos y haitianos que se
benefician del tráfico inhumano.

No es de extrañar que la creciente presencia haitiana despierte temor entre
muchos dominicanos. La migración genera rechazos en casi todos los países
que la reciben. Sucede así en República Dominicana, Estados Unidos,
Francia, Inglaterra, Holanda, Bélgica, Alemania, Suiza, las Bahamas, Puerto
Rico, Costa Rica y muchos otros lugares. Negar que hay xenofobia es tapar
el sol con un dedo, justificarla no absuelve a los practicantes.

Identificar las formas de rechazo social y tener el valor de cambiarlas es
fundamental para encontrar canales adecuados de convivencia, pero es tarea
ardua de sensibilización humana que requiere esfuerzos constantes de
educación en la familia, la escuela, los medios de comunicación y las
organizaciones comunitarias; además de leyes y políticas públicas que
promuevan mayor justicia e igualdad.

Cuando los inmigrantes no se integran adecuadamente a la sociedad donde
emigran, la pobreza y la marginalidad constituyen un caldo de cultivo que
multiplica los sentimientos y conductas xenófobas, el resentimiento y la
violencia. Lo inadecuado se convierte entonces en aberrante.

Por otro lado, el humanismo no puede ser engañoso. El costo económico de
integrar inmigrantes pobres es alto para cualquier sociedad que los recibe,
sobre todo, para una de escasos recursos como la dominicana.

Por esta razón, el gobierno dominicano debería abandonar las dualidades
discursivas y de acción, y ejecutar una política migratoria justa y clara
en función de las capacidades reales del país para integrar, no explotar,
inmigrantes.

La República Dominicana tiene que salir del marasmo en que se encuentra y
superar la confrontación estéril entre el discurso nacionalista
recalcitrante, por un lado, y de censura internacional, por otro.

Colocar una jueza dominicana en la Corte Interamericana de Derechos Humanos
mientras se ignora una sentencia de esa misma corte contra la República
Dominicana no es calmante. Tampoco es solución una disposición de la
Suprema Corte de Justicia sobre la nacionalidad dominicana que deja todo
igual, ni una posible reforma constitucional que modifique el jus solis
para evadir responsabilidad social con los inmigrantes que ya están.

Haití debe ser una prioridad para República Dominicana no porque lo exija
una potencia extranjera, un organismo internacional o una ONG, ni tampoco
por miedo a ninguno de ellos, sino porque son dos países pobres y sobre
poblados que comparten una semi-devastada pequeña isla.

Del lado haitiano hay más pobreza, no se ha logrado estabilidad política y
hay menos recursos para impulsar el desarrollo. Es una tragedia que afecta
a los haitianos y dominicanos, aunque las soluciones dependen
fundamentalmente de los haitianos.

Reclamar ayuda internacional para Haití es necesario, pero es casi como
predicar en el desierto, porque ningún país invertirá cuantiosos recursos
en una sociedad con tantas precariedades y sin un Estado funcional.

Las grandes potencias promueven ocupaciones militares en momentos de
deterioro político para contener olas migratorias, y en los últimos años,
algunos países latinoamericanos se han unido a misiones de la ONU para
ganar puntos como guardianes regionales, conquistar posiciones en
organismos internacionales, y de paso, asignar oficio mejor pagado a sus
ociosas fuerzas militares.

Para la República Dominicana, sin embargo, Haití representa un real y
constante desafío. La ecología destruida, la alta densidad poblacional y el
alto nivel de pobreza no pueden negarse ni ocultarse por más optimismo que
se abrace.

Ante esta situación, aunque la mano de obra barata haitiana favorece la
economía dominicana, sobre todo los bolsillos de empresarios explotadores,
la migración conlleva un costo de integración que, a la fecha, la sociedad
dominicana no ha querido asumir, prefiriendo dejar los inmigrantes
haitianos en la ilegalidad y desprotección. Pero así sólo se acumulan
desavenencias y resentimientos entre ambos pueblos.

Urge pues que el gobierno dominicano asuma sus responsabilidades y enfrente
con justicia y firmeza la cuestión migratoria haitiana.

-------> FRANCAIS (ATTENTION: CECI EST UNE TRADUCTION AUTOMATIQUE NON REVISEE

ANALYSES
Urge aborder ce qui est haitiano

Urge que le gouvernement dominicain assume ses responsabilités et en
face avec justice et fermeté la question migratrice haitiana Rosaire
Spinal

http://www.clavedigital.com/Firmas/Articulo.asp?Id_Articulo=7844

ferait bien à la société dominicaine analyser avec franchise,
humanitarismo et réalisme la migration haitiana et ses conséquences.

Presque deux siècles confrontation ou indifférence entre les deux
nations, uni à des intérêts économiques abusifs de quelques
secteurs patronaux, politiques et militaires, soutiennent une
politique migratrice inhumaine et nuisible pour les deux peuples.

Par des années, les gouvernements des deux pays ont été des
complices des pires intérêts dans la politique migratrice ; et par
des années, des analystes et des commentateurs font des approches
polarisantes qui n'acheminent pas de meilleures actions. Prédomine un
dialogue de sourds, où règnent les censures, les peurs, accusations
et poses de supériorité qui ne favorisent pas de solutions.

Un secteur dominicain promeut la crainte haitiano ce qui allume la
xénophobie. D'autres, à l'intérieur et hors du pays, qualifient ce
qui est dominicains racistes et xénophobes. Les premiers enarbolan le
patriotismo en défense de sa cause ; la seconde la justice sociale et
la fraternité entre les peuples.

Cette confrontation affaiblit les énergies nationales et contribue à
ce que tout soit encore égal pour bénéfice des groupes de de
dominicains et haitianos qui profitent du trafic inhumain.

Il ne faut pas étonner qui la présence haitiana croissante réveille
crainte entre beaucoup de dominicains. La migration produit des rejets
dans presque tous les pays qui la reçoivent. Arrive ainsi en
République dominicaine, les Etats-Unis, la France, l'Angleterre, la
Hollande, la Belgique, l'Allemagne, la Suisse, les Bahamas, le Port
Riche, le Costa Rica et beaucoup d'autres lieux. Nier qu'il y a de la
xénophobie est de couvrir le soleil avec un doigt, la justifier il
n'absout pas ce qui est pratiquants.

Identifier les formes de rejet social et avoir la valeur de les
changer il est fondamental pour trouver des canaux adéquats de
coexistence, mais c'est tâche difficile de sensibilisation humaine
qui requiert des efforts constants d'éducation dans la famille,
l'école, les moyens de communication et les organisations
communautaires ; outre des lois et des politiques publiques qui
promeuvent une plus grande justice et une égalité.

Quand les immigrants ne seront pas adéquatement intégrés à la
société où ils émigrent, la pauvreté et la marginalité
constituent un bouillon de culture qui multiplie les sentiments et les
conduites xénophobes, le ressentiment et la violence. Ce qui est
inadéquat se transforme alors aberrant.

D'autre part, l'humanisme ne peut pas être trompeur. Le coût
économique d'intégrer immigrants pauvres est haut pour toute
société qui les reçoit, surtout, pour une de faibles ressources
comme ce qui est dominicaine.

Pour cette raison, le gouvernement dominicain devrait abandonner les
dualités discursivas et d'action, et exécuter une politique
migratrice juste et clair en fonction des capacités réelles le pays
pour intégrer, ne pas exploser, les immigrants.

La République dominicaine doit sortir du marasmo dans lequel elle est
trouvé et dépasser la confrontation stérile entre le discours
nationaliste récalcitrant, d'une part, et de censure internationale,
d'autre part.

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Nearby mié 04 oct 2006 12:04:04 AST

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