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BOHIO: Nacionalidad dominicana, a quien?

BOHIO: Nacionalidad dominicana, a quien?

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Fecha: Sun, 18 Mar 2007 20:11:30 -0400
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-------> MESSAGE ORIGINAL

Nacionalidad dominicana, ¿a quién?

Rosario Espinal

http://www.clavedigital.com/Firmas/Articulo.asp?Id_Articulo=8618

El presidente Leonel Fernández escogió a Puerto Rico para declarar públicamente que la República Dominicana no otorgará
la nacionalidad a los hijos de inmigrantes indocumentados que, como sabemos, son en su mayoría de origen haitiano.

El lugar escogido fue adecuado si se considera que muchas de las críticas a la República Dominicana por el tratamiento a
los haitianos provienen de grupos radicados en Estados Unidos.

Pero fue inadecuado si se considera que allí viven muchos dominicanos indocumentados quienes, a pesar de ser
discriminados, gozan del derecho de que sus hijos al nacer adquieren la nacionalidad norteamericana.

El asunto radica en la especificación constitucional y la ejecución del llamado jus soli, o derecho a la nacionalidad
por territorio de nacimiento.

Hoy en día, la mayoría de las constituciones abordan el jus soli de una de estas maneras: 1) lo establecen de forma
amplia, con lo cual, la mayoría de las personas nacidas en un territorio tiene derecho a recibir esa nacionalidad, como
ocurre en Estados Unidos; o 2) lo establecen de manera restringida, indicando, por ejemplo, que sólo pueden obtenerla
los hijos de inmigrantes legales.

La Constitución dominicana actual establece el jus soli de manera amplia, es decir, la nacionalidad se puede obtener por
nacimiento en territorio dominicano y sólo especifica que no la recibirán los hijos de diplomáticos y personas en tránsito.

Pero como los textos constitucionales se interpretan, la Suprema Corte de Justicia de la República Dominicana emitió en
diciembre de 2005 una sentencia indicando que los hijos de inmigrantes indocumentados no califican para recibir la
nacionalidad.

Con este veredicto se buscó enfrentar las crecientes demandas internacionales, incluida una sentencia de la Corte
Interamericana de Derechos Humanos, para que la República Dominicana otorgue la nacionalidad a los hijos de inmigrantes
haitianos nacidos en territorio dominicano.

Este dictamen de la Suprema Corte establece un precedente y sugiere lo que posiblemente establecerá el nuevo texto
constitucional que, en algún momento, someterá el presidente Fernández al Congreso.

Pero ni la sentencia de la Suprema ni una nueva Constitución que restrinja el jus soli resuelve el drama humano que
enfrenta la República Dominicana con la población inmigrante haitiana.

Por eso, en vez de utilizar artificios constitucionales, o hablar con euforia innecesaria de la nacionalidad dominicana,
el gobierno debería abordar con decisiones concretas y acertadas la realidad social de los inmigrantes y sus descendientes.

¿Qué hacer con la población haitiana que carece de residencia legal en la República Dominicana, entre los cuales hay
viejos y nuevos inmigrantes? ¿Qué hacer con sus hijos que nacieron y se criaron en República Dominicana y no conocen
otra sociedad?

¿Está la República Dominicana dispuesta a deportar a Haití toda esta población para ser consecuente con la sentencia de
la Suprema Corte de Justicia? Si no, ¿para qué proclamar que los hijos de indocumentados no califican para recibir la
nacionalidad?

¿Es que se pretende mantener indefinidamente una masa poblacional inmigrante haitiana sin derechos ciudadanos para
explotarla?

Estos asuntos no deben evadirse con discursos patrioteros, ni ser objeto de la ironía nacionalista, como sucede al
emitirse planteamientos, tales como, que si los haitianos emigraron es porque viven mejor en territorio dominicano, y
por tanto, no deben quejarse.

Tampoco tiene sentido seguir proclamando, como muchas veces se hace, que Estados Unidos, Canadá y la Unión Europea
quieren que República Dominicana se haga cargo del problema haitiano.

Ese no es el caso, y nadie, fuera de la cabeza de muchos dominicanos, se cree estos argumentos.

Lo que sí ocurre es que mientras el país se hace la víctima por la carga social que representa la migración haitiana, en
el exterior se le ve como excluyente y racista.

Si la República Dominicana quiere ejercer soberanía con respecto a la nacionalidad, debe hacerlo con coherencia y
responsabilidad.

Para ello, lo primero es tener una política migratoria ordenada, libre de militares y funcionarios corruptos,
acostumbrados a sacar provecho de personas en extrema pobreza.

El país sólo debe permitir el ingreso de los inmigrantes que pueda efectivamente integrar, porque es inhumano mantener
una población sin derechos, independientemente de cuán mal estuviesen viviendo en su país de origen.

Que quede claro, el control de la frontera es posible, y es inaceptable que políticos y militares dominicanos encubran
su marrulla o incapacidad planteando que no pueden custodiarla.

Lo segundo es desarrollar un programa de legalización de la población haitiana en territorio dominicano.

Esto supone establecer criterios y procedimientos para que los inmigrantes y sus hijos que califiquen, puedan obtener
permiso de trabajo, residencia o ciudadanía, según proceda en cada caso.

Pero para impulsar este programa hay que abandonar el nacionalismo demagógico y aceptar que si el país ha permitido por
décadas el flujo masivo de inmigrantes haitianos, debe encontrar ahora una solución viable para superar el estado de
ilegalidad imperante.

-------> FRANCAIS (ATTENTION: CECI EST UNE TRADUCTION AUTOMATIQUE NON REVISEE

Nationalité dominicaine, qui ?

Rosaire Spinal

http://www.clavedigital.com/Firmas/Articulo.asp?Id_Articulo=8618

Le président Leonel Fernández a choisi à Port Riche pour déclarer
publiquement que la République dominicaine n'accordera pas la
nationalité aux fils d'immigrants indocumentados qui, comme nous
savons, sont dans sa majorité d'origine haitiano.

Le lieu choisi a été adéquat si on considère que beaucoup des
critiques à la République dominicaine par le traitement à à ce qui
est haitianos proviennent de groupes établis aux Etats-Unis.

Mais il a été inadéquat si on considère que là vivent beaucoup de
dominicains indocumentados ceux qui, bien qu'être discriminés,
jouissent du droit que ses fils en naissant acquièrent la
nationalité américaine.

L'affaire est située dans la spécification constitutionnelle et
l'exécution celui appelé jus soli, ou droit à la nationalité par
territoire de naissance.

De nos jours, la majorité des constitutions abordent le jus soli de
d'une de ces manières : 1) ils l'établissent de vaste manière, et
par conséquent, la majorité des personnes nées dans un territoire a
le droit de recevoir cette nationalité, comme il se produit aux
Etats-Unis ; ou 2) ils l'établissent de manière restreinte, en
indiquant, par exemple, que peuvent seulement l'obtenir par les fils
d'immigrants légaux.

La Constitution dominicaine actuelle établit le jus soli de vaste
manière, c'est-à-dire, la nationalité il peut être obtenu par
naissance en territoire dominicain et seulement spécifique qu'elle
ils ne recevront pas par les fils diplomates et personnes en transit.

Mais comme les textes constitutionnels ils sont interprétés, la Cour
de Justice Suprême de la République dominicaine a émis en décembre
2005 une sentence en indiquant que les fils d'immigrants
indocumentados ne qualifient pas pour recevoir la nationalité.

Avec ce verdict on a cherché faire face aux demandes internationales
croissantes, y compris une sentence de la Coupe Interaméricaine de
Droits Humains, pour que la République dominicaine accorde la
nationalité aux fils d'immigrants haitianos nés en territoire
dominicain.

Cet avis de la Coupe Suprême établit un précédent et suggère ce
qui établira probablement le nouveau texte constitutionnel que, à
un certain moment, soumettra le président Fernández au Congrès.

Mais ni la sentence de de ce qui est Suprême ni une nouvelle
Constitution qui restreint le jus soli résout le drame humain auquel
fait face la République dominicaine avec la population immigrante
haitiana.

C'est pourquoi, au lieu d'utiliser des stratagèmes constitutionnels,
ou parler avec euphorie inutile de la nationalité dominicaine, le
gouvernement devrait aborder avec des décisions concrètes et justes
la réalité sociale des immigrants et ses descendants.

Que faire avec la population haitiana qui manque de résidence légale
dans la République dominicaine, entre lesquels il y a-t-il de vieux
et nouveaux immigrants ? Qui faire avec ses fils qui sont nés et ont
été élevé en République dominicaine et ne connaissent-ils pas une
autre société ?

Il est la République dominicaine disposée à déporter à Haïti
toute cette population pour être conséquent avec la sentence dela Cour de Justice Suprême ? Si non, pour que proclamer
que les fils
d'indocumentados ne qualifient pas pour recevoir la nationalité ?

Est-il que prétend-il maintenir indéfiniment une masse
démographique immigrante haitiana sans droit des citoyens pour
exploiter ?

Ces affaires ne doivent pas se enfuir avec des discours patrioteros,
ni faire l'objet de l'ironie nationaliste, comme arrive en étant
émis des approches, comme, qui si ce qui est haitianos ont émigré
est parce qu'elles vivent mieux en territoire dominicain, et par
conséquent, ils ne doivent pas se plaindre.

Il n'a pas non plus sens continuer à proclamer, comme on fait
souvent, que les Etats-Unis, le Canada et l'Union Européenne veulent
que République dominicaine se charge du problème haitiano.

Celui-là n'est pas le cas, et personne, hors de la tête de de
beaucoup de dominicains, on crée ces arguments.

Ce qui en effet il arrive est que tandis que le pays la victime par la
charge sociale se fait qu'elle représente la migration haitiana, dans
l'extérieur lui on voit comme exclusif et raciste.

Si la République dominicaine veut exercer souveraineté en ce qui
concerne la nationalité, il doit le faire avec cohérence et
responsabilité.

À cet effet, la première chose est d'avoir une politique migratrice
ordonnée, libère militaires et fonctionnaires corrompus, habitués
à sortir bénéfice de personnes dans extrême pauvreté.

Le pays doit seulement permettre la recette des immigrants qui peut
intégrer effectivement, parce qu'il est inhumain de maintenir une
population sans droit, indépendamment de cuán mauvais ils vivaient
dans leur pays d'origine.

Qui est clair, le contrôle de la frontière est possible, et est
inacceptable qui politiciens et militaires dominicains cachent son
marrulla ou incapacité en posant qui ne peuvent pas la garder.

La seconde chose est de développer un programme de légalisation de
la population haitiana en territoire dominicain.

Ceci suppose d'établir des critères et des procédures pour que les
immigrants et leurs fils qu'ils qualifient, ils peuvent obtenir
autorisation travail, résidence ou citoyenneté, comme il convienne
dans chaque cas.

Mais pour promouvoir ce programme il faut abandonner le nationalisme
démagogique et accepter que si le pays a permis par des décennies le
flux massif d'immigrants haitianos, il doit maintenant trouver une
solution viable pour dépasser l'état d'illégalité régnante.

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Nearby dom 18 mar 2007 20:40:10 AST

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