Se quiso crear, en estos últimos doce años, una oportunidad especial para rescatar y escuchar la voz de los sobrevivientes y herederos de la colonización. Escribimos este concepto en cursiva para subrayar el acto que Colón cometía en relación a las naciones indígenas del continente: No es una coincidencia que su nombre también sea verbo: yo colón-izo, te colón-izan, nos colón-izan.
Antes, un poco de historia. Como culminación de los eventos conmemorativos quincentenarios, la comisión del Premio Nobel de la Paz decidió concederlo a una indígena maya. Este gesto de profunda humanidad -se pensó- , por lo menos restablecerá la memoria de la naciones originarias.
Paralelamente, otra comisión se reúne más silenciosamente en el Palais des Nations de Ginebra, Suiza desde al menos 1982: el Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas, que produjo, bajo la coordinación del antropólogo cubano Miguel Alfonso Martines Cobo, un documento que poco a poco comenzaba a ser del conocimiento del grueso de las naciones originarias y no sólo de sus representantes: el Proyecto de Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas. Trabajado a manera de una operación del corazón, este documento fue resultado de un estira y afloja entre Estados-gobiernos y representaciones indígenas que cada año llegan a Ginebra.
La manzana de la discordia tiene que ver con el concepto de asimilación de tales naciones originarias a los principios de ciudadanización de los Estados. Tal grado de interrelación entre Estados-gobiernos y naciones originarias siempre fue tenso cuando no violento. A través del concepto de asimilación (que en el fondo es un proceso sistemático de negación de la diferencia), los Estados enfrenta(ro)n una continuada disrupción de su imagen inventada de nación una historia de marcadas diferencias debido a la irreductible presencia de culturas preexistentes. La constitución de nuevos Estados nacionales Latino Americanos a través de las llamadas guerras de la independencia, falló en tratar de asimilar y en contemplar un verdadero proceso de ciudadanización de los pueblos indígenas.
Entrado el siglo XX, y poco después de constituida la Liga de las Naciones en 1920, precursora de la hoy Naciones Unidas, varias delegaciones indígenas norteamericanas empezaron a empujar la inclusión en tal organismo. Les motivaba el sistemático desconocimiento de los Tratados Indios suscritos entre ellos y Estados Unidos. Esas demandas nunca solidificaron. Las guerras mundiales contribuyeron a echar tierra sobre esos acuerdos, y las naciones indígenas quedaron aisladas y absorbidas al interior de los Estados. En los años sesenta, la presencia de los representantes indígenas en Ginebra volvió a demandar su legítima presencia a nivel de las Naciones Unidas. Pintadas dos figuras maniqueas excluyentes sobre el telón de fondo de la historia, una capitalista y otra comunista, las naciones originarias fueron obligadas a seguir a una u otra. El cisma del espectro mundial no aceptaba otra conceptualización sino de la guerra fría, de Este y Oeste. En los años setenta, el término etnicidad entró, poco a poco, a rayar la incólume imagen de los Estados monolíticos organizados en rígidos triángulos sociales, subdivididos en clases medias altas y bajas.
Pues bien, el término etnicidad tiene que ver con la historia de la reconstrucción de la identidad que se había pensado borrada o asimilada al nacionalismo estatal-popular. También tiene que ver con el colapso del verbo "colonizar". Varios países del Tercer Mundo (África, en particular) llevaron a su fin la expulsión de los últimos white masters; los resabios más vergonzosos del poder político asociado al color (blanco) de la piel, con la pigmentocracia.
En América Latina, el concepto de racismo, aunque históricamente negado es de reciente entendimiento y uso. La angustia racial de América Latina es muy parecida a la multipolar tensión que se experimenta en los Estados Unidos o Europa, con la diferencia de que en América Latina se la niega rotundamente, y en cambio se habla de mestizaje (en países de habla castellana) y democracia racial (Brasil). Ambas como formas de la negación de diferencias, ambas niegan o excluyen a las naciones indígenas del continente, aunque pareciera promover la igualdad.
En los últimos doce años, tratando de rectificar aquellos errores de la historia, pasaron por las salas del Palais des Nations de Ginebra legítimos y apuntados representantes indígenas, todos miembros contribuyentes al Grupo de Trabajo. Muchos de estos líderes tienen conocimiento de causa, otros fueron de turistas, los más de oyentes de problemas jurídicos que jamás habían imaginado. la misión del Grupo de Trabajo era documentar y evaluar la situación de discriminación en que viven las naciones originarias del mundo, marginadas en razón de nuestra diferencia étnica. el rubro comprende a aquellas naciones subordinadas como consecuencia del proceso de colón-ización. Decimos "consecuencia" por que hay dos elementos imposibles de desechar en esta situación: territorialidad e identidad.
La territorialidad permitiría la reproducción de las culturas indígenas cuyo derecho inmemorial a la tierra que ocupa(ron)n es innegable. De ahí que se debe considerar la autodeterminación como principio básico de todas la declaraciones que nos afecten como naciones indígenas.
Identidad por que las diferencias lingüísticas y étnicas deberán elevarse a la perfección al ser reconocidas por los Estados-gobierno, antes de ser vista como obstáculos a la asimilación o como taras del subdesarrollo -según opinión de los errados teóricos de la modernización.
Desde 1988 hasta 1996 cada año más delegaciones indígenas llegan a Ginebra y analizan las condiciones que experimentan como tales al interior de los Estados-gobierno. Sus exposiciones permitieron la redacción del texto borrador conocido simplemente como Proyecto de Declaración que en espíritu quiso reproducir el alma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. La nueva Declaración enteramente dedicada a los pueblos indígenas y naciones indígenas considera el concepto del derecho humano como un derecho colectivo y no solamente como un derecho individual. Pues es cierto que, bajo circunstancias de violación, el concepto de etnocidio por ejemplo, estaría reducido a los hechos individualizados, y no a un daño perpetrado contra toda una colectividad humana autodefinida por su etnicidad.
El 3 de marzo de 1995, la Comisión de Derechos Humanos compuesta por Estados-gobiernos miembros adoptó la resolución L.62 que establece un nuevo grupo de trabajo abierto de esta Comisión, para un nuevo proceso de redacción, se dice tomará otros doce años y su aprobación se postergara así otra década más. Los grandes progresos demostrados en la interrelación entre algunos gobiernos sus organismos y ONG Europeas con los pueblos indígenas, ha hecho que exista mayor reconocimiento a nuestros derechos inalienables. Se están organizando verdaderas redes de trabajo para el beneficio del indígena y son muestra efectiva de que nuestro derecho a ser diferentes y preservar nuestra ecología, lenguas y religiones es viable. El Taller Internacional para Periodistas Indígenas realizado con el apoyo de la Agencia EFE, y el Encuentro de indígenas Visiones Abya Yala realizado en Copenhague Capital Cultural europea del 96, y la puesta en marcha del Centro Internacional de Información y Documentación de los Pueblos Indígenas en Vitoria-Gasteiz, la propuesta de un foro permanente en el seno de la ONU, y la estrategía Danesa para trabajar con los Pueblos Indígenas son una muestra.
Nos parece que la comunidad internacional está abierta a restituir los derechos negados a los pueblos indígenas. Un ejemplo concreto de esta conciencia son los aspectos positivos del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Empero los gobiernos Firmantes de este acuerdo no han alcanzado la docena. Pensamos a pesar de ello, que la historias está del lado de las naciones indígenas.
La violencia ejercida contra la dirigencia, hombres y mujeres, de los pueblos, naciones y organizaciones indígenas, difícilmente podrían esperar otros doce años de reuniones y debates para promover la tan deseada justicia.
Sebastian Lara: Centro Internacional de Información y Documentación de los Pueblos Indígenas.
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