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-----------> ESPANOL (MENSAJE ORIGINAL)
http://www.elsiglo.net/cultura/2n/7.htm
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Las resistencias de los subalternos en el Caribe
Vinculadas desde sus or�genes a diversas formas de
subordinaci�n, las utop�as en el Caribe han
existido en una tensi�n constante entre la opresi�n
y las resistencias.
Pedro l.san miguel Historiador
[email protected]
SAN JUAN, Puerto Rico. [caribe.jpg (24457 bytes)]
Plantear el tema de la
identidad en el Caribe es traer a colaci�n la
cuesti�n del poder. Y la cuesti�n del poder remite
a las oposiciones a la dominaci�n, a la autoridad,
a la exacci�n, a la jerarqu�a y a la coacci�n. Es
decir, remite a las resistencias, a ese
multifac�tico y complejo conjunto de actos de los
sectores o grupos subordinados �ya sea por razones
de clase, de origen �tnico-racial, o de g�nero� con
el prop�sito de mitigar o rechazar las exigencias
de los sectores hegem�nicos o dominantes, del
Estado o de cualquier otra fuente de poder que
realice tales demandas, o que intente imponerse por
la fuerza, la violencia o la coerci�n.
Vinculadas desde sus or�genes a diversas formas de
subordinaci�n, las utop�as en el Caribe han
existido en una tensi�n constante entre la opresi�n
y las resistencias. Se puede argumentar que la
historia del Caribe se inici� con un acto de
imperio. En un t�pico gesto de poder �porque,
despu�s de todo, conferirle nombres a las cosas es
una manera de apropi�rselas�, Col�n llam� San
Salvador a la isla que sus habitantes llamaban
Guanahan�, Juana a Cuba, y Espa�ola a la isla que
hoy comparten Hait� y la Rep�blica Dominicana. Este
acto de enunciaci�n preludi� la apropiaci�n de los
territorios del Caribe por las potencias europeas y
la sujeci�n de sus poblaciones, acciones ambas que
generalmente conllevaron cambios de nombre. Parec�a
imposible alcanzar la gloria llam�ndose Anacaona,
Hatuey o Caguax. Llamarse Mar�a, Juan o Jos�
brindaba ventajas innegables para ganarse el cielo.
Las cr�nicas de los conquistadores contienen
numerosos relatos de las resistencias que opusieron
los abor�genes del Caribe a los reci�n llegados,
que pronto se convirtieron en sus opresores. Esas
narraciones van desde la temprana andanada de
flechazos que, durante su primer viaje, recibieron
Col�n y sus acompa�antes en el llamado Golfo de las
Flechas, en la Isla Espa�ola, hasta la fiera
resistencia que opuso una an�nima mujer ind�gena al
ataque sexual del que fue objeto en el segundo
viaje, suceso que conocemos gracias a Diego �lvarez
Chanca, f�sico de la expedici�n y perpetrador de
tan singular "encuentro de dos mundos".
A medida que se incrust� el dominio espa�ol, los
cronistas narraron las rebeliones de los ind�genas.
Atribuidas a su ruindad, su maldad, su naturaleza
"ingrata" y sus "malas inclinaciones y obras", las
sublevaciones de los indios antillanos recibieron
la condena un�nime de los cronistas, a excepci�n de
Las Casas quien se preguntaba, ante las crueldades
e iniquidades cometidas por los conquistadores, si
no ten�an los abor�genes "justo t�tulo y derecho
para contra los cristianos mover y sostener justa
guerra".
Similar condena recibieron los ataques de los
supuestos indios caribes y, posteriormente, los
levantamientos de los esclavos africanos,
convertidos en sost�n de la econom�a antillana a
ra�z del exterminio de la poblaci�n ind�gena. Desde
la �ptica "civilizadora" de los europeos de los
siglos XVI y XVII, las rebeliones de los ind�genas
y los esclavos eran una muestra m�s de su
salvajismo. Interesantemente, esta concepci�n
prevalecer�a por los siguientes siglos �en
ocasiones, hasta el mism�simo siglo XX�, por lo que
perme� los escritos de los primeros cronistas e
historiadores criollos.
Herederos ideol�gicos de la Conquista y de los
esquemas de explotaci�n instaurados a partir de
entonces, la intelligentsia colonial suscribi� en
lo fundamental la visi�n de los conquistadores. A
lo sumo, los letrados criollos desarrollaron una
visi�n dual de su respectiva metr�poli. Por un
lado, estaba la "madre patria" sublime, hidalga,
llena de "elevadas miras", portadora de los m�s
altos valores de la civilizaci�n y dispensadora de
esa identidad que en las colonias confer�a un
sentido de superioridad. Por el otro, estaba la
metr�poli "mezquina", representada por bur�cratas
corruptos y venales, y por inmigrantes ambiciosos
que aspiraban a arrebatarle a los criollos de
abolengo lo que estos consideraban que eran sus
leg�timos derechos sobre las colonias.
Pero en lo que respecta a las clases subalternas,
las elites y los letrados criollos suscribieron las
concepciones que surgieron en la temprana �poca
colonial. Los intereses econ�micos, am�n de los
criterios de la "raza", el color y la cultura
�definida en lo fundamental en t�rminos de la
religi�n y la lengua�, generaron un fuerte sentido
de solidaridad entre los criollos de las clases
altas y medias y los sectores metropolitanos. A sus
ojos, las rebeld�as de los esclavos representaban
un peligro a sus intereses econ�micos, al orden
colonial y a la civilizaci�n cristiana misma.
-----------> ENGLISH (WARNING: THE FOLLOWING IS A NOT REVISED TRANSLATION
FROM THE ORIGINAL TEXT IN SPANISH)
http://www.elsiglo.net/cultura/2n/7.htm
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The resistances of the subordinate ones in the Caribbean
Linked from their origins to diverse forms of
subordination, the utopias in the Caribbean have
existed in a constant tension among the oppression
and the resistances.
Pedro l.san miguel Historian
[email protected]
SAN JUAN, Puerto Rico. [caribe.jpg (24457 bytes)]
To outline the topic of the
identity in the Caribbean is to bring up the
question of the power. And the question of the power remits
to the oppositions to the dominance, to the authority,
to the exaction, to the hierarchy and the coercion. It is
to say, it remits to the resistances, to that
multifaceted and combined complex of acts of those
sectors or subordinate groups �ya is for reasons
of class, of ethnic-racial origin, or of gender�with
the purpose of to mitigate or to reject the demands
of the sectors hegem�nicos or dominant, of the one
State or of any other source of power that
carry out such demands, or that he/she tries to be imposed for
the force, the violence or the coercion.
Linked from their origins to diverse forms of
subordination, the utopias in the Caribbean have
existed in a constant tension among the oppression
and the resistances. One can argue that the
history of the Caribbean began with an act of
empire. In a typical expression of power �porque,
after everything, to confer him names to the things it is
a way to appropriate them�, Columbus called San
Salvador to the island that their inhabitants called
Guanahan�, Juana to Cuba, and Spanish to the island that
today they share Haiti and the Republic Of the Dominican
Republic. This act of enunciation preludi� the appropriation
of those territories of the Caribbean for the European powers
and the subjection of their populations, actions both that
they generally bore name changes. It seemed
impossible to reach the glory calling you Anacaona,
Hatuey or Caguax. To call you Mar�a, Juan or Jos�
it offered undeniable advantages to be won the sky.
The chronicles of the conquerors contain
numerous stories of the resistances that opposed
the aboriginal ones of the Caribbean to those recently arrived
ones, that soon they became their oppressors. Those
narrations go from the early broadside of
flechazos that, during their first trip, they received
Columbus and their companions in the call Gulf of those
You dart, in the Spanish Island, until the wild animal
resistance that an anonymous indigenous woman opposed the one
attack sexual of the one that was object in the second
travel, event that we know thanks to Diego �lvarez
Chanca, physical of the expedition and perpetrator of
so singular encounter of two worlds."
As the Spanish domain, those was incrusted
columnists narrated the rebellions of the natives.
Attributed to their baseness, their wickedness, their nature
" ingrate " and their bad inclinations and works", those
rebellions of the Antillean Indians received
the unanimous condemnation of the columnists, to exception of
The Houses who he/she wondered, in the face of the cruelties
and iniquities made by the conquerors, if
they were not entitled the aboriginal fair title and
for against the Christian to move and to sustain fair
war."
Similar condemnation received the attacks of those
suppositions Indian caribes and, later on, those
the African slaves' risings,
transformed into support of the Antillean economy to
root of the indigenous population's extermination. From
the optic civilizadora of the Europeans of those
XVI and XVII centuries, the rebellions of the natives
and the slaves were a sample more than its
savagery. Interestingly, this conception
�en would prevail for the following centuries
cause, until the same XX century�, for that that
perme� the writings of the first columnists and
Creole historians.
Ideological heirs of the Conquest and of those
outlines of exploitation established starting from
then, the colonial intelligentsia subscribed in
the fundamental thing the vision of the conquerors. To
the supreme thing, the Creole lawyers developed one
dual vision of their respective metropolis. For a
side, the sublime, noble native mother was,
full with high aims", portadora of the more ones
high values of the civilization and dispensadora of
that identity that conferred an in the colonies
sense of superiority. For the other one, the was
mean metropolis, represented by bureaucrats
corrupt and venal, and for ambitious immigrants
that they aspired to snatch to the Creoles of
ancestry that that these they considered that they were their
legitimate rights on the colonies.
But in what concerns to the subordinate classes,
the elites and the Creole lawyers subscribed those
conceptions that arose in the early time
colonial. The economic interests, amen of those
approaches of the " race ", the color and the culture
�definida in the fundamental thing in terms of the
religion and the language�, they generated a strong sense
of solidarity among the Creoles of the classes
high and stockings and the metropolitan sectors. To their
eyes, the rebelliousness of the slaves represented
a danger to their economic interests, to the order
colonial and to the same Christian civilization.
-----------> FRANCAIS (ATTENTION: CECI EST UNE TRADUCTION AUTOMATIQUE NON
REVISEE DE L'ORIGINAL EN ESPAGNOL)
http://www.elsiglo.net/cultura/2n/7.htm
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Les r�sistances des ceux subalternes dans le Cara�be
Li� de leurs origines aux formes diverses de
la subordination, les utopies dans le Cara�be ont
exist� dans une tension constante parmi l'oppression
et les r�sistances.
Pedro l.san miguel Historien
[email protected]
SAN JUAN, Puerto Rico. [caribe.jpg (24457 multiplets)]
Esquisser le sujet du
l'identit� dans le Cara�be est amener le
question du pouvoir. Et la question du pouvoir pardonne
aux oppositions � la dominance, � l'autorit�,
� l'exaction, � la hi�rarchie et la contrainte. C'est
pour dire, il pardonne aux r�sistances, � cela,
� facettes et combin� complexe d'actes de ce
les secteurs ou le subalterne groupe �ya est pour les raisons
de classe, d'origine ethnique-raciale, ou de gender�with
le but d'att�nuer ou repousser les demandes
de l'hegem�nicos des secteurs ou dominant, de celui
L'�tat ou de toute autre source de pouvoir qui
emportez tel demande, ou cet he/she essaie �tre impos� pour
la force, la violence ou la contrainte.
Li� de leurs origines aux formes diverses de
la subordination, les utopies dans le Cara�be ont
exist� dans une tension constante parmi l'oppression
et les r�sistances. On peut discuter que le
l'histoire du Cara�be a commenc� avec un acte de
l'empire. Dans une expression typique de pouvoir �porque,
apr�s tout, le conf�rer noms aux choses il est
une fa�on de les approprier�, Colomb appel� San
Salvador � l'�le que leurs habitants ont appel�
Guanahan�, Juana � Cuba, et Espagnols � l'�le qui
aujourd'hui ils partagent Ha�ti et la R�publique Du R�publique Dominicaine. Ce
acte de preludi� de l'�nonciation l'appropriation de ce
territoires du Cara�be pour les pouvoirs Europ�ens et
la soumission de leurs populations, actions les deux cela
ils ont port� des changements du nom g�n�ralement. Il a paru
impossible atteindre la gloire qui vous appelle Anacaona,
Hatuey ou Caguax. Vous appeler Mar�a, Juan ou Jos�
il a offert �tre gagn� le ciel � avantages ind�niables.
Les chroniques des conqu�rants contiennent
histoires nombreuses des r�sistances qui se sont oppos�es
les ceux aborig�nes du Cara�be � ce r�cemment ceux arriv�s,
que bient�t ils sont devenus leurs oppresseurs. Ce
les r�cits vont de la bord�e t�t de
flechazos qui, pendant leur premier voyage, ils ont re�u
Colomb et leurs compagnons dans le Golfe de l'appel de ce
Vous dardez, dans l'�le Espagnole, jusqu'� l'animal sauvage,
la r�sistance qu'une femme indig�ne anonyme s'est oppos�e � celui
l'attaque sexuel de celui qui �tait objet en la seconde
voyagez, �v�nement que nous savons gr�ce � Diego �lvarez
Chanca, physique de l'exp�dition et auteur de
rencontre si singuli�re de deux mondes ".
Comme le domaine Espagnol, ce ont �t� incrust�s
les chroniqueurs ont racont� les r�bellions des autochtones.
Attribu� � leur bassesse, leur m�chancet�, leur nature,
ingrate " et leurs inclinations mauvaises et travaux ", ce,
les r�bellions des Indiens Antillais ont re�u
la condamnation unanime des chroniqueurs, � exception de
Les Maisons que les he/she se sont demand�s, face aux cruaut�s,
et les iniquit�s ont fait par les conqu�rants, si
ils n'ont pas �t� intitul�s le beau titre aborig�ne et
pour contre le Chr�tien d�placer et soutenir la foire
la guerre ".
La condamnation semblable a re�u les attaques de ce
les suppositions caribes Indien et, plus tard, ce
les soul�vements des esclaves Africains,
transform� dans support de l'�conomie Antillaise �
racine de l'extermination de la population indig�ne. De
le civilizadora optique des Europ�ens de ce
XVI et si�cles XVII, les r�bellions des autochtones,
et les esclaves �taient un �chantillon plus que le sien
la sauvagerie. De fa�on int�ressante, cette conception
�en pr�dominerait pour les si�cles suivants
causez, jusqu'� le m�me si�cle XX�, pour cela qui
perme� les �crits des premiers chroniqueurs et
Les historiens Cr�oles.
H�ritiers id�ologiques de la Conqu�te et de ce
les contours d'exploitation ont �tabli commencer de
alors, l'intelligentsia coloniale a souscrit dans
la chose fondamentale la vision des conqu�rants. �
la chose supr�me, les avocats Cr�oles en ont d�velopp� un
vision double de leur m�tropole respective. Pour un
mettez-vous, la m�re native sublime, noble �tait,
plein avec les hauts buts ", portadora du plus ceux
hautes valeurs de la civilisation et dispensadora de
cette identit� qui a conf�r� un dans les colonies
sens de sup�riorit�. Pour l'autre, l'�tait
m�tropole moyenne, repr�sent�e par les bureaucrates,
corrompu et v�nal, et pour les immigr�s ambitieux
qu'ils ont aspir� pour saisir au Creoles de
l'ascendance qui que ceux-ci qu'ils ont consid�r� qu'ils
�taient leur
droits l�gitimes sur les colonies.
Mais dans quelles inqui�tudes aux classes subalternes,
les �lites et les avocats Cr�oles ont souscrit ceci
conceptions qui sont survenues dans le temps t�t
colonial. Les int�r�ts �conomiques, amen de ce
approches de la " course ", la couleur et la culture
�definida dans la chose fondamentale quant au
religion et la langue�, ils ont produit un sens fort
de solidarit� parmi le Creoles des classes
haut et bas et les secteurs m�tropolitains. � leur
les yeux, l'insoumission des esclaves a repr�sent�
un danger � leurs int�r�ts �conomiques, � l'ordre,
colonial et � la m�me civilisation Chr�tienne.
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