Proyecto OLISTICA

Proyecto Observatorio Latinoamericano del Impacto Social de las Tecnologías de la Información y Comunicación en Acción

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Componente: IsTICómetros

 Pistas metodológicas para la medición del impacto social de las TIC: Aplicación en el caso argentino

Parte 2 - Etapa 2: Caracterización de las demandas sociales prioritarias: Identificación del rol de las TICs, como apoyo a la solución de las demandas mencionadas. 


Elaborado por:

Lic. Rubén Darío Ibáñez,

 

Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior, Asociación Civil Grupo Redes.

 

Buenos Aires, Mayo de 2003

 

1.2.3. Solución al problema del desempleo y recomposición del mercado de trabajo, específicamente refiriéndose a la oferta de trabajo.

 

“...La desocupación aparece en el centro del proceso de la pobreza. Constituye un epicentro causal del mismo...” “...La pobreza genera marginalidad y esta alimenta la pobreza. En realidad los pobres no participan en la vida económica, en la social ni en la política. Están excluidos del mercado y su presencia política o su influencia social se mantienen el en plano formal antes que en el real...”[1]

 

Como se caracterizó en la sección anterior, el problema del desempleo en gran medida se relaciona con los cambios en la estructura económica, la imposición de la especulación financiera como modo de acumulación y la apertura o desregulación económica que produjo la interrupción del proceso industrial que se desarrollaba y era fuente de empleo durante las décadas del 50 y 60. En tal sentido, el problema del desempleo se relaciona con una economía incapaz de dar trabajo. Además, el desempleo y la precarización laboral se convierten en rasgos estructurales del modelo de exclusión económico y social imperante en el país.

 

Sin embargo, hay otras visiones, relacionadas ideológicamente con el liberalismo, que indican que el desempleo es producto de legislaciones laborales que son claramente perjudiciales para los empleadores, desalentando así la contratación de la fuerza de trabajo disponible. Por lo tanto, dentro de esta visión, surge una propuesta de solución al problema del empleo que se relaciona con la desregulación del mercado de trabajo, dejando libre a la relación del mercado la solución de dicho problema. Sin embargo, de este tipo de propuestas surgen interrogantes vinculados con ¿cuales son las garantías o derechos que tienen los trabajadores contra los abusos de los empleadores?, ¿la desregulación no es una forma de legitimar el trabajo precario en Argentina?, ¿por qué una economía en recesión y sin inversión puede generar empleo?, entre otras preguntas.

 

Más allá de las visiones subjetivas sobre la situación del desempleo en el país es claro que el porcentaje de desempleo (21,5%) y subempleo (18,6%) ha crecido. Actualmente, de la población económicamente activa el 40% se encuentra en situación de desempleo o subempleo[2] y previo a 1976 era de aproximadamente el 7%. Además, en el último año se destruyeron aproximadamente 700.000 puestos de trabajo, debido a la profundización de la crisis.

 

De acuerdo a la información brindada por el INDEC, una de las zonas más castigadas es el conurbano bonaerense, ya que de los 28 conglomerados relevados (que cubren el 80% del país), es en el que se registra el mayor índice de desocupación, que trepa al 24,2%, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires llega al 16,3%, y en el resto del país alcanza el 20,9%.

 

El problema no solo radica en la desocupación y subocupación sino que desde mediados del 70 hasta la fecha paralelamente a los indicadores mencionados anteriormente hay otros factores que han evolucionado negativamente en las condiciones del mercado de trabajo, como por ejemplo el aumento de la precariedad en el empleo, las crecientes dificultades para conseguir el primer trabajo, la alta rotación de la mano de obra, la disminución de los beneficios sociales, el creciente analfabetismo funcional[3], entre otros factores que indican que el problema no sólo esta en la creciente desocupación sino que hay un notorio deterioro en las condiciones del mercado laboral.

 

Además, la crisis de las condiciones laborales se hace más notoria si el análisis se desagrega por género, localización geográfica y edad. Sin embargo, es importante remarcar que la demanda de mano de obra hacia mujeres, niños y hombres mayores ha crecido en los últimos años y esto se debe a los menores costos de la mano de obra en tales sectores.

 

Por su parte, la agudización de los ciclos de crisis económica (hiperinflaciones 1982 y 1989) y las devaluaciones monetarias (1977, 1982, 1987, 1989 y 2002) han producido una caída sistemática del salario real en las últimas tres décadas.

 

Si se analizan los inicios de la década del 90, se podría indicar que la corta reactivación de la económica tuvo implicancias positivas sobre el mercado laboral. Sin embargo, tal reactivación no condujo a cambios sustantivos en el mercado de trabajo, debido a la reestructuración de las empresas privatizadas, al aumento en el uso de las capacidades instaladas y al aumento en el proceso de incorporación de tecnologías.

 

Adicionalmente, durante la década en cuestión, las condiciones de trabajo empeoraron a causa de la flexibilización laboral que implicó la adecuación del mercado de trabajo a las necesidades del modelo de acumulación[4]. Además, las diferentes modalidades de contratación a corto plazo, incorporadas por la reforma laboral, han provocado una alta rotación de la mano de obra con su respectiva falta de especialización o calificación del trabajo.

 

En consecuencia, el período analizado tiene como característica principal la precarización del trabajo, a partir del reemplazo de la fuerza de trabajo plena (con todos los beneficios sociales) por mano de obra carente de protección y con altos niveles de inseguridad laboral y también aumento del empleo informal. Además, el crecimiento de la desocupación se convirtió en un elemento de contención de las demandas de los trabajadores.

 

Por otra parte, la composición de la estructura del trabajo se puede dividir de acuerdo a la localización de la mano de obra. En el caso del trabajo rural es preponderante el trabajo golondrina[5], de peones con baja o nula calificación, que presenta una alta movilidad de la mano de obra de acuerdo a las temporadas de las cosechas. Además, hay una alta movilidad de trabajadores independientes o cuentapropista que prestan servicios a la actividad rural, por ejemplo los transportistas o proveedores de insumos para el campo. La creciente presencia de trabajadores golondrinas y prestadores de servicios en las plantaciones hace que tales trabajos sean cada vez peor remunerados y las condiciones laborales más precarias.

 

En las zonas urbanas la estructura del trabajo se ha transformado en los últimos treinta años, donde se paso de una estructura dominada por trabajadores industriales a una caracterizada por la prestación de servicios de baja e intermedia calificación, como por ejemplo el servicio doméstico o de reparaciones y los negocios cuentapropistas que por lo general son trabajadores con protección social que fueron expulsados del mercado de trabajo[6]. Asimismo, hay un notorio crecimiento de los empleados públicos (en los diferentes ámbitos del Estado y principalmente en los Gobiernos provinciales) y actividades relacionadas con la construcción y servicios como telecomunicaciones. Finalmente, deben mencionarse los beneficiarios de planes de asistencia social, los cuales son considerados dentro de las estadísticas oficiales de empleo[7].

 

Otro factor preponderante en la caracterización del empleo y desempleo, en Argentina, es la calificación del trabajo o las capacidades intelectuales disponibles tanto para la demanda del sistema productivo actual como para la demanda futura, que se desarrollará ante los cambios del sistema económico internacional.

 

Como se señaló anteriormente la alta rotación de la mano de obra es un factor que impide la calificación del trabajo. Además, la composición del aparato productivo y su sistemática orientación a la producción y comercialización de recursos naturales y, en menor medida productos agroindustriales, es demandante de mano de obra de baja o nula calificación. Sin embargo, en los centros urbanos, particularmente en el sector servicios y algunos niveles de la administración pública hay una demanda de trabajadores de mediana calificación o calificación técnica y en algunos casos personal calificado o profesional.

 

Un análisis integral de la sociedad argentina indica que los niveles de capacitación de los recursos humanos son buenos. Pero si se analiza a los sectores pobres o marginales la formación cae abruptamente y en muchos casos el acceso esta restringido por la imposibilidad de asumir los costos básicos de la educación formal o informal.

 

El problema de la educación y el empleo se agrava a partir de las restricciones del mercado de trabajo, el achicamiento del empleo público, la reestructuración productiva que se complejiza a partir de la incorporación de las nuevas tecnologías, la saturación de oferta de trabajadores, entre otras hacen que la capacitación del trabajo sea un instrumento de selección al momento de la contratación[8].

 

En consecuencia, el problema de la capacitación del trabajo se presenta de diferentes formas en los diferentes grupos sociales. En tal sentido, la mano de obra calificada y los grupos intermedios se enfrentan al problema de la baja demanda de trabajadores y los bajos costos salariales que ofrece el mercado local. Además, los dinámicos cambios tecnológicos dentro del sistema productivo demandan la validación permanente de los conocimientos adquiridos. Por su parte, los sectores pobres son los más vulnerables a la precarización laboral y los que requieren de mayor atención en el proceso de formación. Por último tanto las mujeres como los jóvenes se encuentran en una situación de mayor complejidad debido a requieren de la capacitación necesaria para la inserción laboral y el mejoramiento de su productividad.

 

Finalmente, debe resaltarse que los problemas del empleo se relacionan con la estructura del sistema económico y productivo. Por ello, es importante rescatar como síntesis el informe del Secretario General de las Naciones Unidas, en la Cumbre sobre el Desarrollo Social, que señala:

 

                                       Es indispensable que se reconozca la necesidad de reavivar el proceso de crecimiento y, al mismo tiempo, que se acepte la idea de que el modelo de crecimiento debe ser propicio para el fomento del progreso social en su sentido más amplio. Para lograrlo, la política económica debe girar en torno de la creación de empleo, la erradicación de la pobreza y la inversión en recursos humanos. De hecho, eso puede muy bien convertirse en un poderoso motor de crecimiento en muchos países y también en el orden mundial. El estímulo de la demanda, que puede derivarse del aumento del ingreso en los hogares y los países pobres, puede generar un crecimiento más amplio y sostenido. Las tan necesarias inversiones sociales pueden contribuir a que se reduzca la presión del desempleo y del subempleo....”.

 



[1] Kliksberg, Bernardo en “Pobreza y desocupación en América Latina: El círculo perverso”. Revista Encrucijadas, Universidad de Buenos Aires, Año 2 Nº 4 Pág. 45, Mayo de 1996.

[2] Ver datos estadísticos en www.trabajo.gov.ar, informe “El trabajo decente en Argentina” de mayo de 2002.

[3] Definido por la responsable del Centro Tecnológico Comunitario de Santa Cruz como la incapacidad de las personas para comprender la información. Lo que lleva al desconocimiento sobre los derechos individuales por parte de los ciudadanos o trabajadores.

[4] Señala Javier Lindemboim, “...la reforma laboral implica la posibilidad de que los empresarios puedan ajustar sus plantillas de personal ante la variación de la demanda de sus productos, sin que ello implique grandes erogaciones de dinero en despidos...” en su presentación “Mercados de trabajo urbanos durante la década del 90” realizada en el Tercer Congreso Latinoamericano de Sociología del Trabajo, en mayo de 2000.

[5] Por causa de la concentración de las tierras, gran parte del trabajo rural no tienen acceso a las tierras los cuales están obligados a migrar en búsqueda de oportunidades laborales de acuerdo a la demanda estacional.

[6] Durante la década del 90 han proliferado los pequeños negocios cuenta propistas (venta de golosinas, tiendas, remises, entre otros) que fueron resultado de las indemnizaciones por despidos de las fábricas. Sin embargo, el gran número de tales negocios ha provocado la saturación del mercado con su respectiva perdida del capital invertido y la eliminación de una oportunidad que se convirtió en poco rentable. Además, este tipo de negocios integran el segmento de la economía informal.

[7] Entre los planes de asistencia social se encuentran los planes “Trabajar” y “Jefes y Jefas de Familia” en los cuales se agrupa aproximadamente 1.500.000 beneficiarios que deben cumplir cuatro horas de trabajo comunitario por una paga de 150 pesos mensuales (equivalente a 50 dólares)

[8] En muchas ocasiones la demanda de trabajadores de baja calificación se encuentra con la oferta de personal sobrecalificado para la labor solicitada. Pero la ausencia de oportunidades laborales hace que compitan desocupados con dispares niveles de capacitación.

    

 

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Creado: 04/08/2003
Actualizado: 04/08/2003
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