Proyecto OLISTICA

Proyecto Observatorio Latinoamericano del Impacto Social de las Tecnologías de la Información y Comunicación en Acción

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Componente: IsTICómetros

 Pistas metodológicas para la medición del impacto social de las TIC: Aplicación en el caso argentino

Parte 2 - Etapa 2: Caracterización de las demandas sociales prioritarias: Identificación del rol de las TICs, como apoyo a la solución de las demandas mencionadas. 


Elaborado por:

Lic. Rubén Darío Ibáñez,

 

Centro de Estudios sobre Ciencia, Desarrollo y Educación Superior, Asociación Civil Grupo Redes.

 

Buenos Aires, Mayo de 2003

 

1.2.2. Solución a los problemas alimentarios, principalmente los problemas de la desnutrición infantil.

 

La creciente brecha en la distribución del ingreso y la sistemática expulsión de mano de obra del mercado de trabajo trajo y trae actualmente aparejado el empobrecimiento económico y de la calidad de vida de amplios sectores de la sociedad argentina. Los cambios son más notorios cuando hay cada vez más cantidad de población que no tiene cobertura médica, con el aumento en los limites de acceso a la educación pública y la ausencia de recursos para adquirir la canasta básica de alimentos.

 

Los cambios mencionados se relacionan con una permanente transformación de la estructura económica orientada hacia el proceso exportador de productos primarios como factor dinámico del funcionamiento del sistema económico y de recaudación fiscal. Además, la profundización de la desregulación favoreció al proceso de importación de manufactura y provocó la interrupción del proceso de desarrollo industrial. Por lo tanto, queda evidenciado que la fortaleza del funcionamiento del sistema económico se sustenta en la contracción de la demanda de recursos naturales y el aumento de los excedentes exportables.

 

Por otra parte, la concentración de la propiedad de la tierra en Argentina puede ser considerada una replica de la situación en el siglo XVIII, durante el origen mismo del capitalismo. En el cual, los propietarios acumulaban tierras para su explotación y comercialización de productos agrícolas y ganaderos. Mientras tanto los sectores campesinos eran expulsados hacia los centros urbanos en los cuales no había respuestas, tanto en lo que respecta a infraestructura como a posibilidades de integración laboral y social, para satisfacer las demandas de grupos tan amplios de personas.

 

Como se ha señalado, ese contexto es el de siglo XVIII en los países europeos pero si se evalúa Argentina durante la década del 90, principalmente durante la segunda parte, se puede ver que los grandes grupos económicos nacionales y trasnacionales han orientado su inversión a la adquisición de tierras para su explotación agrícola y ganadera[1]. Además, tales grupos económicos también han invertido, en la segunda parte de los ´90, en explotación minera y de recursos naturales no renovables como el petróleo y gas.

 

Asimismo, los peones debían aceptar las nuevas condiciones laborales ofrecidas por los nuevos propietarios a efectos de no ser expulsados de sus trabajos y en algunos casos tal situación era inevitable debido a la incorporación de tecnologías que reemplazaban el trabajo manual.

 

Por lo tanto, la actual estructura del campo ha dejado segmentos sociales empobrecidos, despojados de las tierras y sin posibilidades para la satisfacción de las necesidades básicas. Tales sectores optan por el proceso de migración interna y externa en búsqueda de nuevas oportunidades que en muchos casos son inexistentes y pasan a integrar los amplios grupos de barrios marginados en las afueras de los centros urbanos.

 

Además, para completar el escenario rural debe señalarse el contexto en el cual algunos sectores productivos fueron abandonados por el Estado[2] y perjudicados por la política de apertura y de tipo cambiario, como por ejemplo el sector azucarero que carecía de competitividad frente a la industria subsidiada de Brasil. Provocando así el empobrecimiento de zonas geográficas relacionadas con dicho sector como la Provincia de Tucumán.

 

Por su parte, en los centros urbanos la misma política de apertura económica provocó el cierre de fábricas de diferentes sectores productivos, como por ejemplo el metalúrgico o el textil, o la disminución en el nivel de actividad como por ejemplo en la industria automotriz, que ha dejado a amplios grupos de obreros industriales dentro de la fila de desocupados. Tales obreros, en algunos casos, han iniciado pequeños emprendimientos relacionados con la prestación de servicios como talleres mecánicos o en otros casos han buscado nuevos trabajos en otros segmentos de la producción. Sin embargo, la recesión económica hizo fracasar todos los intentos de reinserción laboral de los sectores excluidos. Además, la continuidad de los cierres de fábricas ha dado impulso a nuevas acciones de inclusión laboral relacionadas con las cooperativas de trabajo.

 

Finalmente, debe incluirse en el análisis el proceso de devaluación monetaria de los últimos años, que tuvo consecuencias negativas sobre el conjunto de la sociedad pero más notorias en los sectores de bajos ingresos, que se encontraron con salarios depreciados ante el creciente, en algunos casos abusivos, aumento de los precios de los productos nacionales exportables y los importados. A modo de ejemplo, puede analizarse el Índice de Precios al Consumidor, el cual varío aproximadamente un 10% durante la década del 90[3] y la variación acumulada durante 2001/2002 fue de más del 70%[4], sin que ello implique variaciones similares en los salarios.

 

Hasta el momento, todo lo expuesto permite caracterizar el conjunto de factores que conjugados contribuyeron a generar la exclusión económica y social de aproximadamente el 50% de la población argentina. Asimismo, permite visualizar algunas de las causas de la concentración de los recursos tanto financieros como naturales que provoca los problemas, cada vez más evidentes, de nutrición de los sectores empobrecidos, explicando así el por qué la gente muere de hambre en uno de los principales países productores de alimentos.

 

En consecuencia, actualmente en Argentina hay 20 millones de pobres, de los cuales 8 millones tienen las necesidades básicas insatisfechas o son indigentes porque no pueden comprar los alimentos básicos, a pesar de los planes alimentarios y sociales en vigencia. Por ello, tales números permiten reflejar los problemas de desarrollo humano generados por el sistema dominante y de forma directa la imposibilidad de amplios sectores de acceder a una alimentación básica en el país.

 

Un mayor detalle brinda Isabel Bermúdez[5], la cual señala que ...”en las provincias del norte argentino, como Formosa, la pobreza supera el 80%, en Tucumán, Salta o Jujuy ronda entre el 65 y el 75% de la población, en el Gran Buenos Aires golpea a más del 60% –casi seis millones de personas– y en la “próspera” ciudad de Buenos Aires supera el 20% de los porteños. Según la encuesta 2002 del Banco Mundial, en las áreas rurales la pobreza es del 72,6% El mayor peso de la pobreza recae en los niños: los menores de 14 años que viven en hogares pobres suman 7,5 millones: el 74,3 % de la población infantil...”.

 

“...Hasta mediados de la década del 70 la pobreza era una cuestión marginal en la Argentina, pero ya comprendía al 8 % de la población concentrada en los llamados “bolsones de pobreza” en torno a las “villas miseria” .

 

Tales bolsones, actualmente concentran al 40% de la población que se encuentran por debajo de la línea de pobreza. Dichas personas carecen de trabajo y por ende su alimentación es de mala calidad o directamente pasan hambre. Además viven en condiciones de hacinamiento por lo tanto aumentan la posibilidad de contraer todo tipo de enfermedades. Adicionalmente, en muchos casos, estas personas carecen la posibilidad de acceder a centros de salud que, combinado con la falta de información o educación, hace que muchos no se den cuenta de que ellos mismos o sus hijos están desnutridos o enfermos.

 

De acuerdo con la Encuesta de Desarrollo Social realizada en 1997 por el Siempro[6] y el INDEC se demuestra que la captación del embarazo en las madres de bajos ingresos es mucho más tardía que en las de ingresos más altos, aun cuando estas últimas tampoco posean obra social. Además, la falta de control médico en embarazadas y recién nacidos es otro factor clave, que se relaciona en parte con el nivel educativo de las madres. Finalmente, una de las causas más importantes de la desnutrición y de la mortalidad infantil es el bajo nivel de instrucción de las madres.

 

Con respecto a la desnutrición infantil cerca de 100 niños mueren por mes debido a enfermedades vinculadas con la falta de alimentos, según 'Save The Children'. Las cifras del Ministerio de Salud indican que más de siete millones y medio de niños están en la miseria, lo que representa que el 70% de los niños nacen en un hogar pobre, el 40% vive en la indigencia y el 20% de los niños argentinos están en situación de desnutrición[7]. “...La situación en el norte es especialmente grave: el 44% de los habitantes de Jujuy y el 30% de los de Tucumán carece de lo esencial para vivir. En esta última región han muerto por desnutrición más de 350 niños durante el 2002...” señala Isabel Bermúdez.

 

La situación planteada ha generado en los últimos años una creciente reacción social en contra del sistema de exclusión social y económica, una muestra de ello son los cortes de rutas como expresión de protesta que inicialmente en 1997 fueron aproximadamente 140 y en el 2002 superaban ampliamente los 2000 en todo el país.

 

Por su parte el gobierno nacional y los gobiernos locales han mostrado que la capacidad de respuesta a estos problemas es extremadamente baja, debido a que los planes de asistencia social tienen limitado alcance o sólo son parches de un problema estructural en el país. Además, los altos niveles de corrupción y los manejos de poder de tipo “clientelistas” de los instrumentos públicos hacen que la ayuda social se distribuya de forma ineficiente y en muchos casos a destiempo.

 

Además, otro de los factores que agravan el problema del hambre son la crisis en el Sistema Nacional de Salud, a partir de su descentralización, y las fallas de las políticas de salud. Todo a partir del descuido de las actividades de prevención primaria.

 

Por lo tanto, para enfrentar los problemas de alimentación los actores sociales, principalmente la clase política, deben tener presente que el impedimento de una alimentación básica tiene consecuencias irreversibles sobre la vida de las personas y especialmente los niños como por ejemplo el acortamiento de la vida, la imposibilidad de desarrollar las capacidades intelectuales y físicas necesarias para acceder a la educación, al mercado de trabajo o participar en la vida de la comunidad, entre otras consecuencias que impiden vivir de forma decorosa dentro de una sociedad.

 

Asimismo, la solución al problema debe ser inmediata, debido a que los datos sobre los últimos años revelan que la forma de desnutrición prevalente en Argentina ha sido hasta ahora el déficit de talla y que el Norte es la región más afectada. Por lo tanto, la falta de respuesta al problema llevará a Argentina a una situación de desnutrición aguda[8].



[1] Es importante señalar que en un alto número de casos tales adquisiciones se realizaban a pequeños propietarios en situación de quiebra.

[2] Eliminación de subsidios y créditos blandos para el campo.

[3] Ver Índice de Desarrollo Humano 2001 del Programa Naciones Unidad para el Desarrollo. Rendimiento Económico pág. 182.

[4] Según estimaciones del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo.

[5] Ver articulo titulado “LA GESTACION DE LA CRISIS DURANTE LOS ULTIMOS 30 AÑOS Cómo se llegó a la situación de hambre en la Argentina”, Diario Clarín.

[6] Sistema de Información, Monitoreo y Evaluación de Programas Sociales (SIEMPRO): www.siempro.gov.ar

[7] Fuente INDEC, agosto 2002 www.indec.gov.ar

[8] Un informe especial sobre desnutrición infantil en Argentina publicado por Cambio Cultural en diciembre de 2002 indica que las estadísticas se basan en tres indicadores: peso para la edad, que mide la desnutrición global; talla para la edad, que refleja la desnutrición crónica, debido a que la baja estatura es producto de una carencia prolongada de nutrientes; y peso para la talla, que mide la desnutrición aguda. Ver en www.cambiocultural.com.ar

    

 

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Creado: 04/08/2003
Actualizado: 04/08/2003
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